Introducción al derecho privado

El Derecho Público es el orden de relaciones entre cada hombre y el conjunto de los demás para armonizar sus respectivas necesidades. Así, elegir un diputado, un concejal o un juez, circular con un automóvil por las calles, redactar una ley aplicable a la comunidad, pagar una contribución, exigir una enseñanza, etc., son cosas referentes al Derecho Público. Esto lo comprende cualquiera. Pero existe, además, el Derecho Privado y esto es lo que vamos a examinar en estas lecciones empezando por definir y demarcar.

 

¿QUÉ ES EL DERECHO PRIVADO?

 

Es aquel orden deflaciones particulares de cada sujeto con otro para atender sus precisas necesidades individuales. Por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan para satisfacer sus apetitos amorosos y procurar la reproducción de la especie; cuando un hombre compra a otro una casa y éste se la vende; cuando se busca el modo de arbitrar la protección a un huérfano desamparado; cuando el dueño de una casa concierta el modo de abrir ventanas sobre el jardín de su vecino; cuando el hombre alquila la finca ajena en que ha de vivir; cuando se pide prestado un mueble o una cantidad de dinero; cuando se acuerda conceder a un vecino el tránsito sobre la finca propia; cuando se regula el modo de transmitir los bienes de una persona que ha fallecido a otra u otras distintas, etc., etc., entra en funciones en toda su plenitud el Derecho Privado, porque todas estas relaciones no afectan al conjunto de la sociedad en general sino a las dos personas que traban la relación entre sí y ponen en acuerdo sus necesidades y sus deseos. Comprar y vender son cosas que interesan al comprador y al vendedor.. Por eso tal concordia es materia propia de los Códigos civiles.

 

LIMITACIONES DE ESTE CONCEPTO

 

El Derecho Privado fue concebido durante muchos siglos como materia propia de la soberanía individual. Yo quiero comprar la casa de Fulano. Fulano me la quiere vender. Estamos de acuerdo en la. cosa y en el precio. Pues no hay más que hablar. Nuestra voluntad es ley y la venta se hace. Sin embargo, de algún tiempo a esta parte el concepto va sufriendo limitaciones, porque se ha llegado a convenir que no hay nada absolutamente privado, pues en todas las cosas de la vida hay un aspecto de interés general que las hace, en cierto modo, sociales y limita las voluntades privadas. Vaya un caso. Yo tengo una casa y puedo venderla en el precio que mi comprador me quiera pagar. Pero el Estado tiene acordada la expropiación de la finca para abrir una calle y, practicadas las diligencias oportunas, ha sido tasada en cien mil pesos. Desde aquel momento el Estado advierte que cuando llegue la ocasión de adquirirla no dará por ella ni un centavo más aunque yo o un tercero a quien se la haya ofrecido hayamos acumulado en ella riquezas sin cuento. Por consiguiente, ya puedo embellecer y avalorar la finca con oro y plata, mármoles y jaspes. Mi voluntad no servirá para nada, y cuando llegue el momento de que el Estado me la adquiera, no podré reclamar el precio de los nuevos valores, por muy reales y positivos que sean, sino que habré de conformarme con la antigua regulación practicada y lo que entonces se ajustó, será la ley exigible, sin que todo lo. demás realizado posteriormente valga para nada.

Limitaciones análogas se nos presentarán con abundancia. En principio, el  que preste dinero podrá concertar como premio del servicio el interés que tenga por conveniente, el cinco, el diez, el veinte, el sesenta o el ochenta por ciento. Pero poco a poco se va tomando en cuenta que no es justo empobrecer a la sociedad necesitada cobrándola un tanto por ciento excesivo para el servicio de préstamo y favorecer exageradamente la usura, por lo cual se limita el interés del préstamo a tipos moderados que fluctúan del cuatro al ocho por ciento.

De igual modo, cuando una persona moría sin testamento, heredaban sus bienes sus parientes aunque fueran del grado vigésimo, pues bastaba tener ese vínculo sanguíneo, por remoto' que fuese,' para que se juzgasen con derecho a la herencia. Sin embargo, la crítica sana y justiciera fue mirando con censura esa "lotería" y advirtió que esa lluvia de fortunas sobre gentes que no habían tenido relación con el difunto ni quizá le habían conocido, era, un inmoral arbitrio de la casualidad y -que cuando no había parientes verdaderamente próximos, tenían mejor derecho a la sucesión los establecimientos de instrucción y de beneficencia del Estado y del Municipio del difunto.

Este orden de pensamientos va inundando poco a poco el actual Derecho Civil, que sigue siendo de carácter particular, pero que se esfuerza en buscar la armonía con los intereses públicos para que la conveniencia individual no se sobreponga a la genérica desconociéndola o causándole perjuicio.
En resumen, podemos definir el Derecho Privado como aquel que guarda las relaciones entre personas particulares, pero salvaguardando también los intereses de la sociedad para evitar que resulten perjudicados.