Ventas a comisión o en consignación

 A COMISIÓN es mi contrato por el cual una persona llamada comitente encarga a otra, llamada comisionista o consignatario, la compra o venta de mercaderías u otros valores por su cuenta y orden. En el primer caso, se llama comisión de compra. En el segundo, se llama comisión de venta o consignación.

De lo expuesto se desprende que cuando un comerciante no puede realizar personalmente un negocio, sea por convenirle que se haga en otra plaza más propicia o por otra causa, tiene el medio de encargarlo a otro, para que lo ejecute por su cuenta y orden, mediante el pago de una retribución, llamada comisión.

En los países agrícola-ganaderos está arraigada la venta en consignación, resultando muy ventajosa para el productor, que, alejado del centro comercial, recurre al consignatario, que reside en las plazas donde diariamente se efectúan las negociaciones de productos ganaderos y agrícolas o simplemente de mer-caderías generales.

En esta forma, sin descuidar su actividad de agricultor, ganadero o comerciante, puede presentar sus frutos en varias plazas convenientes, llegando a realizar su venta con grandes ventajas y economías. En efecto, los consignatarios establecidos con escritorios en los mercados de consumo, reciben los frutos del interior, los ofrecen en el mercado a precios convenientes, asesorando, al mismo tiempo, a los productores sobre las modalidades propias de la plaza, con el fin de mejorar el mismo producto, para vencer las competencias que necesariamente se presentan en todo mercado.

Hemos visto que comitente es la persona que encarga a otra la ejecución de una operación comercial cualquiera, siendo de su cuenta el resultado de la misma. Luego si el comitente López encarga al señor Pérez, que reside en plaza distinta, la venta de lana y la negociación arroja una utilidad o una pérdida, ésta será de exclusiva cuenta de López, dado que el señor Pérez ha obrado como simple consignatario, por cuenta y orden del comitente López.

También hemos visto que consignatario es la persona que ejecuta, por cuenta y orden del comitente, la venta de los productos que le remite, llamándose esta operación consignación.

 

CóMO SE CONTABILIZA UNA CONSIGNACIÓN

 

La base fundamental de la contabilidad en lo referente a consignaciones es la absoluta separación de las mercaderías pertenecientes a cada comitente, como también de las diversas operaciones que le son relativas. El consignatario no es propietario de los efectos recibidos en consignación. Los tiene para vender por cuenta y orden del comitente. En caso de quiebra del consignatario, esas mercaderías vuelven a poder de los comitentes, considerados acreedores de dominio.

El sistema de contabilidad será distinto, según se trate de operaciones accidentales de un comerciante, o de una persona que hace de las consignaciones su profesión habitual. Lo mismo ocurre cuando se trata de mercaderías recibidas para vender sobre la base de un precio mínimo, o bien, de acuerdo con las condiciones generales del mercado donde se efectúa la negociación.

Al efecto, pueden presentarse los siguientes casos:

 

  • 1Operaciones accidentales con precio mínimo de venta.
  • 2 Operaciones accidentales sin precio mínimo de venta.
  • 3 Operaciones habituales.

En el primer caso, las mercaderías consignadas van con los precios de factura, aumentadas por los gastos de envío, etc., con cuyos datos el consignatario formará el precio de venta en plaza.
En el segundo caso, la factura de consignación no da a conocer el precio de los artículos consignados, pero sí los gastos de envío, etc., debiendo entonces el consignatario venderlos al mejor precio posible, dando aviso, al efecto, al comitente.
El tercer caso comprende las mercaderías recibidas para venderlas de acuerdo con las condiciones del mercado, siendo también sin precio mínimo de base.

Esto ocurre especialmente al tratarse de frutos del país. No sería posible asentar en los libros los frutos recibidos en consignación, de los cuales desconocemos el precio, como base y como mínimo. Se acude, entonces, al procedimiento de llevar libros auxiliares, rubricados, cuyas anotaciones, hechas en forma breve, se pasan al libro Diario de la contabilidad principal, mediante la cuenta Consignaciones recibidas sin fijar precio.