Créditos bancarios, sus tipos y operaciones en bancos comerciales

Concesión de créditos bancarios

 

Luego una operación de crédito representa el derecho o facultad de poder disponer durante un plazo determinado del ahorro recogido por los bancos con la obligación de reembolsarlo a su debido vencimiento.

Existen créditos productivos, que son los que se utilizan en las distintas ramas de la producción económica, y créditos de consumo, que se destinan a satisfacer necesidades directas del deudor.

Los bancos, antes de conceder un crédito deben tener en cuenta la situación del futuro deudor, que comprende no sólo sus condiciones personales, sino también su solvencia económica.

Cuando los bancos mantienen un contacto estrecho con su clientela, conocen las condiciones morales de cada uno de sus prestatarios, el cumplimiento de sus compromisos comerciales, su espíritu de empresa, etc. Su responsabilidad material la conocen con el pedido que le hacen de una manifestación de sus bienes o balances que permita al banco analizar la situación económico-financiera del cliente.

Estos elementos son imprescindibles, porque todo banquero, al conceder un crédito, asume un riesgo que es tanto mayor cuanto más largo es el plazo de duración del préstamo, pues, a medida que transcurre el tiempo, puede modificarse la situación de los negocios del prestatario y su propia capacidad técnico-comercial para dirigir la empresa.

Los créditos pueden ser personales, cuando se basan única y exclusivamente en las condiciones del deudor, en que interviene su moral, cumplimiento de sus compromisos, responsabilidad técnica para llevar a buen término las tareas que emprende, etc.; o con garantía real, cuando el crédito se otorga con el respaldo de un bien inmueble o de un bien mueble (en el primer caso garantía hipotecaria, en el segundo prendaria).

 

LOS CRÉDITOS A CORTO Y LARGO PLAZO
 

   

Cuando el crédito se necesita para satisfacer necesidades de capital circulante será a corto plazo, pero cuando se requie. re como capital fijo será a largo plazo. Por ejemplo, un comerciante que solicita crédito para adquirir mercaderías que luego venderá en el mercado, no hace otra cosa que aumentar su capital circulante que se supone de rápida rotación, pues tan pronto como enajene sus productos, dispondrá de fondos con que podrá cancelar su préstamo. Será un crédito a corto plazo.

Por el contrario, un industrial que necesita ampliar su fábrica y solicita crédito para la construcción del edificio y la adquisición de las correspondientes maquinarias que constituyen un activo fijo, sabe que la amortización de ese crédito tendrá que ser lento y no mayor de la utilización efectiva de esos activos. En consecuencia, ese préstamo será a largo plazo. Esta distinción en cuanto al plazo de duración de los préstamos tiene gran importancia, porque son distintas las instituciones que los otorgan.

Los préstamos a corto plazo, destinados a ampliar el capital circulante de las empresas y de amortización rápida, son otorgados especialmente por los bancos comerciales o de descuentos, cuyos fondos provienen primordialmente de sus depósitos; mientras que los créditos a largo plazo, que representan verdaderas inmovilizaciones del activo, son facilitados principalmente por instituciones de crédito especializado, cuyos fondos están formados especialmente con el producto de la emisión de obligaciones a plazo largo y del aporte de su capital y reservas.

En la práctica, los préstamos a corto plazo son otorgados preferentemente por los bancos de depósitos y descuentos, también llamados bancos de crédito comercial; los créditos a plazo mediano y largo, por los bancos de crédito industrial y las instituciones financieras que no reciben depósitos y que negocian también las acciones y obligaciones de su clientela, así como por los bancos hipotecarios o de crédito inmobiliario, que son los que otorgan los préstamos a plazos más largos con garantía hipotecaria para la adquisición, construcción o refección de predios rústicos y urbanos.

 

LAS OPERACIONES DE LOS BANCOS DE CRÉDITO COMERCIAL

 

Como nuestro estudio tiene por objeto conocer la importancia y gravitación en la economía contemporánea de los depósitos bancarios, circunscribiremos nuestra exposición a los bancos comerciales, que operan principalmente con los fondos de terceros formados por los depósitos a la vista y a corto plazo.
El banco que actúa de mero intermediario entre los que poseen ahorros disponibles y los que necesitan esos fondos para la evolución de sus negocios, tendrá que tener especial cuidado de invertir esas disponibilidades en forma tal que pueda hacer frente a los retiros que hagan en cualquier momento sus depositantes a la vista o a su vencimiento, cuando se trata de depósitos a plazo.

Es claro que cada banquero tiene una larga experiencia respecto a la movilidad de sus depósitos, que Únicamente puede ser alterada en períodos de pánico monetario, que produce un retiro apresurado de la mayor parte de esos fondos. Pero éstas son situaciones de emergencia, que son encaradas actualmente en la mayoría de los países, por sus correspondientes bancos centrales, cuyos recursos deben estar disponibles para satisfacer estas necesidades excepcionales de fondos que puedan tener los bancos comerciales.

Las principales operaciones del banco comercial son las de recibir fondos de terceros en forma de depósitos (operaciones pasivas), que al ser colocados representan las operaciones activas. Las ganancias brutas que obtiene provienen primordialmente de la diferencia entre las tasas de interés que paga por los depósitos y las que cobra por sus colocaciones.

Las operaciones pasivas son aquellas en que el banco se constituye en deudor, como en el caso de los depósitos, y operaciones activas aquellas en que asume el papel de acreedor. Estas operaciones están íntimamente entrelazadas, pues su posibilidad de prestación depende de las modalidades que revistan los fondos que recibe.

Éstas son las operaciones esenciales del banco cuando actúa por cuenta propia. Se entiende por operaciones accesorias aquellas en que el banquero actúa por cuenta ajena, por ejemplo, cuando compra o vende títulos o moneda extranjera por cuenta de terceros, cuando realiza cobranzas por cuenta de terceros o recibe depósitos de valores en custodia, etc.