LA MODIFICACIÓN DE LOS EFECTIVOS MíNIMOS DE LOS BANCOS COMERCIALES

Cuando los fondos disponibles que poseen los bancos son superiores al mínimo legal, existe el peligro de que esas disponibilidades redundantes se presten al público en momentos de extraordinaria abundancia de medios de pago en el mercado y aceleren el proceso inflacionista que se produce cuando el circulante excede la cantidad de bienes y ser. vicios disponibles en el país.

Para evitarlo bastaría que las leyes autoricen al Banco Central a aumentar el efectivo mínimo legal, que permitirá absorber automáticamente el excedente de fondos que poseen los bancos. Para que esta operación se realice sin tropiezos, todos los bancos del país deberán tener ex cedentes apreciables a fin de evitar que se perjudiquen las entidades cuyos efectivos mínimos estén ajustados al mínimo legal y por tal causa se encuentren obligadas a desprenderse de su cartera de títulos públicos, haciendo bajar sus cotizaciones como ocurrió en Estados Unidos en el bienio de 1936 a 1937 al aplicarse esa política.

Este hecho no satisfizo ni al Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ni a los bancos con una cartera apreciable de esos valores. Se atribuye a esta situación que la Reserva Federal modificara al poco tiempo su política, lo que demuestra que el procedimiento de alteración de los efectivos mínimos no es de fácil aplicación en los países con gran número de bancos. El fenómeno inverso se produce cuando los bancos tienen pocos fondos disponibles, en cuyo caso el Banco Central disminuye sus efectivos mínimos, con lo que aumenta sus disponibilidades libres.

Tanto las modificaciones de la tasa de descuento cuando es uniforme y no tiene carácter discriminatorio, como las operaciones de mercado abierto y las modificaciones del efectivo mínimo son procedimientos de control cuantitativo de los medios de pago. Entre los procedimientos cualitativos, que han sido usados en algunas oportunidades por los Bancos Centrales, merecen mencionarse los que entran en la órbita de las recomendaciones persuasivas que dirigen los Bancos Centrales a -las instituciones bancarias del país, en el sentido que sigan una política determinada de crédito, en concordancia con la situación monetaria y crediticia del país.

 

 

EXPERIENCIA DE LOS BANCOS CENTRALES EN AMÉRICA LATINA

 

El economista Robert Triffin ha hecho recientemente un análisis de la política seguida por los Bancos Centrales en la América latina, cuya divulgación juzgamos de interés por las conclusiones a que llega dicho escritor.

Su clasificación comprende los siguientes grupos:

  • 1 Bancos de descuentos (Chile, Colombia, Ecuador, Perú. El Salvador y Venezuela).
  • 2 Bancos Centrales modernos (Argentina, México, Cuba y República Dominicana).
  • 3 Bancos de actividades heterogéneas (Guatemala, Paraguay, Haití, Uruguay, Costa Rica, Nicaragua y Bolivia).
  • 4 Inexistencia de Bancos Centrales (Brasil, Panamá y Honduras).

El primer grupo, que abarca la zona occidental de América del Sur, incluye a los Bancos Centrales de Chile, Colombia, Ecuador y Perú, que deben su organización a las misiones del profesor norteamericano Edwin Walter Kemmerer, que visitó esos países en el período 1920-1929.

El capital de dichos bancos estaba integrado por el gobierno, los bancos accionistas y el público. Se establecían condiciones precisas respecto al otorgamiento del crédito, teniendo en cuenta el origen de los documentos ofrecidos al redescuento, el número de firmas y los plazos de vencimiento. Se autorizaban adelantos al gobierno en cantidades limitadas y se podían conceder préstamos al público. La experiencia demostró que el papel que podía ser ofrecido a dichos bancos era escaso y la tasa de descuento ineficaz.

Los Bancos Centrales creados por Kemmerer no pudieron contrarrestar las tendencias inflacionistas del mercado en el lapso 1920-29 ni el proceso deflacionista de los años 1929-31, que los obligó en el último período a depreciar la moneda y a implantar el control de cambios.
Desde este momento dichos Bancos Centrales se embarcaron en una política expansionista. Sus préstamos -una vez modificadas las disposiciones legales- se dirigieron principalmente al gobierno, a instituciones de fomento, bancos oficiales, etcétera.

Estas modificaciones alejaron a los Bancos Centrales de los principios originarios implantados por Kemmerer. Los otros dos bancos dé descuento corresponden a El Salvador y Venezuela. El primero es una institución similar a los bancos Kemmerer, aunque de normas más estrictas, no pudiendo actuar con eficacia en la plaza por la falta de un mercado para los títulos públicos. El Banco Central de Venezuela, de fundación reciente (1939), no puede realizar operaciones de mercado abierto, pero tiene facultades para modificar los efectivos mínimos que mantienen los bancos accionistas en el Banco Central.

La segunda categoría corresponde a los Bancos Centrales modernos de la Argentina y México. Al primero se le prohíbe tener relaciones directas con el público y tiene facultades para operar en el mercado abierto. Estas últimas operaciones también se autorizan en el Banco de México, pero tienen menor importancia que en la Argentina, debido al poco interés que existe por los valores oficiales, así como por la endeblez que caracteriza el mercado financiero mexicano.

El tercer grupo de bancos incluye a los que realizan actualmente actividades heterogéneas y comprende a Guatemala, Paraguay, Haití, Uruguay, Costa Rica, Nicaragua y Bolivia. Estos bancos se han desarrollado con anterioridad a la creación de los Bancos Centrales de tipo ortodoxo, y sus actividades de bancos de Estado tienen carácter heterogéneo al unir a sus funciones de Banco Central, las correspondientes al movimiento comercial, agrícola y aun hipotecario.

Algunos de estos bancos dividen sus funciones en varios departamentos, como son el de Emisión, el Bancario y en ciertos casos el Hipotecario.
Según Triffin, el sistema de departamentos independientes parece ser una medida transaccional entre los "bancos de bancos ortodoxos" y los bancos de Estado con diversas funciones que existían en esos países antes de haberse fundado los Bancos Centrales de estructura moderna.
Los países restantes (Brasil, Panamá y Honduras) carecen aún de Banco Central, pero en algunos de ellos ya se ha propiciado y discutido la organización de instituciones de esa clase.

El economista ya citado, a quien seguimos en esta exposición, sostiene que la regulación monetaria en América latina está determinada por los siguientes hechos: