Operaciones del Fondo Monetario Internacional y la paridad

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional, siempre que cuente con el beneplácito de los países cuyas cuotas individuales no sean inferiores al 10 % del total, podrá modificar las paridades de todas las monedas adheridas respecto al oro, pero cualquier país podrá oponerse.

Si bien se fijan las paridades de las distintas monedas en términos de oro, no se impide que se modifiquen dentro de ciertos límites y cuando ello se deba a un desequilibrio fundamental en el balance de pagos.

 

EL DESEQUILIBRIO FUNDAMENTAL DEL BALANCE DE PAGOS Y LA DESVALORIZACION MONETARIA

 

El acuerdo no especifica qué se entiende por desequilibrio fundamental, pero es de presumir que si se produce una caída intensa en los precios internacionales de las materias primas, que produzca una reducción drástica en el valor de las exportaciones de los países productores, éstos tendrán derecho a reajustar el valor de sus monedas para evitar la influencia depresiva, en el mercado interno, de la caída de los precios de sus productos básicos.

En efecto, si se entrega una cantidad menor de moneda extranjera, por un quintal de trigo o una tonelada de estaño, el exportador recibirá una cantidad menor de moneda local a la que estaba acostumbrado, cuando venda esa divisa en el mercado de cambios.

Si no se han modificado los elementos que intervienen en el costo de producción de su artículo, es posible que para no desalentar la producción y permitir la prosecución de sus tareas, el gobierno resuelva desvalorizar la moneda local para hacer frente a la baja del precio internacional.

Si el artículo exportado no representa una proporción significativa del total mundial, es posible que se estimule su salida, sin afectar el precio internacional. En esta forma, la depreciación monetaria facilitará la exportación, siempre que los países importadores no consideren que esa medida es perjudicial para sus productores nacionales, que deben competir con un prodlJ.cto más barato del extranjero y para evitarlo apliquen una tarifa equivalente al importe de esa desvalorización.

Pero si el producto exportado absorbe buena proporción del total mundial, la depreciación monetaria resultaría contraproducente, porque no sería difícil que la mayor baratura del producto en términos de moneda extranjera haga bajar el precio internacional, con lo que el productor nacional no recibirá un aumento de moneda local, si la baja del precio mundial coincide con el importe de la desvalorización monetaria. Si el precio internacional baja aun con mayor fuerza, el productor nacional se verá entonces perjudicado.

No debe olvidarse por otra parte que toda desvalorización monetaria, si bien puede estimular en algunos casos las exportaciones, desalienta las importaciones, porque el que adquiere un artículo del exterior, debe desembolsar más moneda nacional que antes para pagar la moneda extranjera que necesita.

El Fondo Monetario Internacional ha tomado los debidos recaudos para que las modificaciones en el valor de la moneda no tengan carácter de competencia y no adquieran proporciones desmesuradas en detrimento del comercio mundial y de la distribución de los productos.

 

 

LAS OPERACIONES DEL FONDO Y SUS LIMITES

 

Según ya se ha expresado anteriormente, el Fondo facilitará a los países adheridos la moneda de otro país que le sea solicitada para enjugar déficit transitorios de las operaciones corrientes de sus balances de pagos, que comprenden pagos provenientes del comercio exterior y operaciones conexas, como son los servicios y créditos bancarios a corto plazo, intereses por préstamos o inversiones, pagos moderados para amortización de préstamos o depreciación de inversiones y remesas familiares.
 
Por las compras de divisas que hagan con su propia moneda, los países respectivos deberán pagar una comisión al Fondo del % % que podrá llegar al 1 % y ser reducida al 1,5 %.

La obtención de moneda extranjera del Fondo es limitada, de carácter automático, y está en función de las cuotas. Así, un país podrá comprar divisas al Fondo en cambio de su propia moneda, hasta un límite anual del 25 % de su cuota, que no podrá exceder del 200 % de ella.
Pero estos límites podrán ser excedidos por el Fondo en casos excepcionales, para lo cual se tendrá en cuenta la situación especial del país y sus posibilidades de reintegro.

En términos generales, puede decirse que dichos fondos no podrán ser utilizados para cubrir una fuerte salida de capitales.
Cuando los excedentes de la moneda de un país superan a su cuota, el Fondo le cobrará una comisión adicional que podrá llegar hasta el 5 % anual. Esto significa que los recursos que puedan obtenerse del Fondo no son de carácter permanente.

Como la moneda extranjera que facilitará el Fondo lo es a cambio de moneda local, es lógico que a medida que un país hace uso de los recursos del Fondo, éste aumenta sus existencias de la moneda local de ese país. Si Inglaterra, por ejemplo, necesita dólares, los obtendrá automáticamente del Fondo, dentro de los límites establecidos entregando libras esterlinas. Luego el Fondo aumentará sus existencias de libras esterlinas v disminuirá las de dólares.      

Pero esta situación no puede ser permanente, pues al término de cada año financiero, el país que tenga reservas de oro y moneda extranjera en exceso de su cuota, deberá readquirir su propia  moneda en una proporción que dependerá de las variaciones de sus existencias de oro y divisas.

En esta forma, las disposiciones del Fondo impiden que un país sea deudor permanente del mismo, pues se trata de ayudas temporarias para cubrir déficit transitorios en las balanzas de pagos. No podrá concebirse en otra forma el sistema, que no podría funcionar si tuviera que financiar desequilibrios permanentes de los balances de pagos, dado que la demanda de moneda extranjera sería ininterrumpida y el Fondo se encontraría en cierto momento con que únicamente posee las monedas de los países deudores.