El poder de compra de la moneda y los índices para la fijación de precios

La primera referencia que se posee de medir el poder de compra de una moneda en términos de mercaderías, se remonta al año 1050, en que Sir George S. Evelyn hizo un análisis en Inglaterra de los precios de la carne, del grano y otros doce artículos,
Desde esa época se ha avanzado mucho en materia de estadísticas de precios, siendo Inglaterra el primer país en que se publicaron índices de Precios mayoristas en forma metódica y permanente.

 

La dispersión de los precios

 

Se requiere de un índice para poder medir la evolución de los precios. Si para construir los números índices tomamos como base el año 1939 = 100, tendremos que dividir cada uno de los años considerados por el año base.

Ahora, si sumamos los índices correspondientes a cada año y su resultado lo dividimos por el número de artículos, tenemos el promedio aritmético simple. La confección de un índice general permite seguir la tendencia general de los precios, a causa de que no existe uniformidad en los movimientos individuales de ascenso o descenso. Su explicación está en que hay muchos precios regidos por contratos, como son: las tarifas de transporte, las telefónicas, telegráficas, etc., que fluctúan con mayor lentitud que los otros precios en períodos de inestabilidad monetaria. Las costumbres del mercado, los precios de monopolio y las disposiciones legales de carácter contractual son otros factores que atenúan la fluctuación de algunos precios.

 

LA MEDICióN DEL PODER DE COMPRA DE LA MONEDA

 

El economista Alfred Marshall dice que el poder adquisitivo de la moneda debería ser medido con referencia a los precios minoristas pagados por los consumidores finales de los artículos terminados, y Keynes sostiene que el poder adquisitivo de la moneda representa la facultad de comprar con ella tanto los artículos como los servicios, para fines de consumo.

La determinación de cuál es el índice que debe medir el poder de compra de la moneda tiene gran importancia en la política monetaria. Por ejemplo, los movimientos en el nivel general de precios mayoristas no se producen al mismo tiempo que en los precios minoristas. Por otra parte, la curva de los precios minoristas no coincide con la curva general de los salarios. ¿Cómo se explica entonces que en la mayoría de los estudios sobre el poder de compra de la moneda, se tome como base el índice de precios mayoristas, cuando el mejor procedimiento sería la utilización de índices de consumo? La razón estriba en haber acostumbrado al público a seguir la curva de los precios mayoristas, para determinar el poder de compra de la moneda.

El Índice que evidentemente se acerca más a nuestro concepto del poder de compra de la moneda es el Índice del costo de la vida, porque refleja los precios de consumo de la población al incluir los precios minoristas de los artículos alimenticios, el costo de la habitación, del combustible v luz, de los vestidos, y, en un rubro ~arios. el costo de las diversiones, de los diarios, transportes, etcétera.

 

 

SUS DIFICULTADES

 

Sin embargo, si confeccionamos un índice del costo de la vida de una clase trabajadora típica, no podríamos sostener que sus fluctuaciones puedan servir para medir el poder de compra de la población en general, porque los consumos, salvo aquellos imprescindibles, están en función de los gastos del consumidor que dependen del monto de sus réditos monetarios.

Otra dificultad se encuentra en el cambio de los hábitos del público. Los consumos de la clase media en el año 1949 no son los mismos que en el año 1900.

Han aparecido consumos nuevos, como el automóvil, la heladera eléctrica, la radio, el cine, etc., que no existían en aquel entonces, de modo que si se hubieran tomado los elementos constitutivos del índice del costo de la vida en el año 1900, y se los siguiera tomando en el año 1949, es notorio que estaríamos dando un movimiento falso del poder de compra de la moneda.

Para demostrar la complejidad que reviste este asunto, bastaría recordar el problema demográfico de Inglaterra, cuya tasa declinante de natalidad produce el envejecimiento de la población. La cantidad de artículos para niños de corta edad utilizada en el consumo de la clase obrera o media a comienzos del siglo, es muy distinta en el actual, porque en buena parte esos consumos han tendido a disminuir. Otra dificultad observada en el curso de la segunda guerra mundial, fue el racionamiento de los artículos comprendidos en los Índices del costo de la vida.

Antes de la última guerra, el Departamento de Trabajo inglés inició la confección de un nuevo Índice. Como al comenzar el conflicto se racionaron muchos de los que estaban en el consumo habitual desaparecieron, modificándose el régimen dietético, se planteó la necesidad de que el gobierno confeccionara un nuevo Índice tomando los consumos en el momento de empezar el conflicto, para poder seguir el proceso durante el período de transición de la postguerra. Estas breves referencias muestran los problemas de agrupación de artículos que. tiene el economista contemporáneo, si quiere seguir el curso del poder de compra de la moneda a través del tiempo.

El estadígrafo norteamericano Snyder ha preparado un Índice amplio de precios en la siguiente forma: los precios mayoristas con una ponderación de 2; los salarios con una de 3 Y2; el costo de la vida con 3 Y2, y la renta con una ponderación de l. Según su autor este nivel de precios generales representa en forma más aproximada el poder de compra de la moneda que un nivel de precios mayoristas.

Presentamos a continuación un cotejo entre los dos índices, que permite observar las discrepancias que existen entre ellos:

 

 

íNDICE EN ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA

(Base: 1913 = 100)
Fecha     I     General de     I     Mayorista.
        Snyder        
1875-79         78         96
1880-84         78         101
1885-89         73         82
1890-94         74         77
1895-99         72         69
1900-04         79         83
1905-09         88         92
1914              101        98
1918              114       195
1922              170       149
1926              186        151

Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que al comerciante o al industrial no le interesa mucho el nivel general de precios, sino la situación particular del producto que negocia o fabrica.

Desde el punto de vista económico general, conviene conocer la influencia general de los precios, y saber hasta donde resulta apropiado agrupar los distintos precios en un nivel general. Es éste un asunto que aún no ha sido definitivamente dilucidado en el terreno científico.