Sociedad mercantil

Compañía o sociedad mercantil es un contrato por el cual dos o más personas se unen, poniendo en común sus' bienes e industria, o alguna de estas cosas, para practicar actos de comercio, con ánimo de partir el lucro que pueda resultar.

La sociedad anónima es también comercial, aunque tenga por objeto fines no comerciales. La sociedad, sea cual fuere la clase a que pertenezca, debe hallarse revestida, como los demás contratos, de ciertos requisitos, sin los cuales carecería de toda eficacia jurídica.
Además de la capacidad y del consentimiento de los tratantes, que son elementos comunes a todos los contratos civiles y comerciales, la sociedad debe reunir ineludiblemente las siguientes condiciones:

  • 1 Objeto lícito; realización de actos de comercio.
  • 2 Aporte o prestaciones de los socios.
  • 3 División de las ganancias.
  • 4 Participación en las pérdidas.

La primera condición se explica por sí misma y no es especia] o característica del contrato, pues todos los contratos, cualquiera que sea su nombre, deben conformarse a las prescripciones de la ley en cuanto a su objeto. Los contratos que tienen un fin prohibido por la ley, lo mismo que los que son ofensivos a la moral y buenas costumbres, son ilícitos y no producen efecto entre los que han tenido conocimiento del fraude.

De este principio de legislación civil fluye lógicamente que las sociedades formadas con un fin ilícito no tienen ningún valor y que las personas que las forman carecen de acción entre sí para pedir la división de las ganancias o pérdidas, o los capitales o cosas aportadas, ni alegar la existencia de la sociedad para demandar a terceros, quienes, si son de buena fe, pueden invocarla contra los socios, sin que éstos puedan oponer la nulidad como defensa.

Además, todas las sociedades que no efectúen actos de comercio, no se consideran comerciales. Los aportes de los asociados forman otro de los requisitos del contrato. Ellos pueden consistir en cantidades de dinero, de efectos o créditos o también de obligaciones en hacer, tales como las industrias o el trabajo.

Los socios deben efectuar sus aportes en las épocas convenidas. Pueden presentarse dos alternativas al respecto: que  dejen de hacer sus aportes o que los realicen con retardo. Cuando un socio no lleva a la. masa común la porción del capital que le corresponde, la sociedad puede optar entre proceder ejecutivamente contra sus bienes para hacerse del importe respectivo, o bien rescindir el contrato, en lo referente al socio moroso.

En el caso de que el aporte se haga con retardo, la sociedad puede exigir el pago de intereses corrientes de plaza, por el tiempo de la demora, siempre que se trate de dinero efectivo. Si son cosas, el socio puede ser compelido a satisfacer los daños y perjuicios ocasionados a la sociedad por su demora.

Cuando el aporte de los socios consiste en dinero efectivo, no se presenta dificultad alguna, por cuanto se conoce su exacto valor. Si, en cambio, se trata de efectos o monedas extranjeras, debe fijarse su valor, de acuerdo con las cláusulas del contrato, o en su defecto, por peritos.

Los créditos que aporte un socio como parte del capital que debía entregar, no le serán abonados en cuenta hasta que sean cobrados.
En cuanto a la división de las ganancias y participación en las pérdidas, debemos considerar lo siguiente:
¿Qué se entiende por beneficio, en materia de sociedades? Es todo aumento del activo, derivado directamente de la asociación, como consecuencia de sus operaciones, del movimiento del capital de sus productos.

El beneficio así obtenido debe ser común, esto es, dividido entre todos sus miembros, siendo nula la convención que dispusiera que la totalidad de la ganancia haya de pertenecer a alguno de los socios, o que cualquiera de éstos no participe de ella.
Las únicas estipulaciones que se admiten en lo relativo a las utilidades son las concernientes a su distribución, las que serán válidas siempre que no puedan considerarse como una violación encubierta de la prohibición legal.

En cuanto a la participación en las pérdidas, nada más lógico, justo y equitativo que los socios, a quienes hubieren correspondido las utilidades, soporten las pérdidas, cuya distribución puede ser objeto de convención entre los asociados. Toda ley respeta la voluntad de los socios, manifestada en las disposiciones concernientes a este punto, siempre que ellas no tiendan a exonerar a alguno o algunos de los socios de toda participación, y resuelve las dificultades que engendraría el silencio del contrato sobre el particular, disponiendo que en tal caso las pérdidas sean repartidas entre los socios en la misma forma en que se dividirían las ganancias, si existieran, y que se dividan a prorrata de los respectivos capitales, si no existe estipulación relacionada con ellas.